Nutrición y salud mental

Salud y nutrición 10/10/2018

10min lectura

By Dr. Robert K. McNamara, Professor of Psychiatry and Neuroscience, Department of Psychiatry and Behavioral Neuroscience, University of Cincinnati College of Medicine

  • En el Día Mundial de la Salud Mental 2018, el Dr. Robert K. McNamara analiza el potencial de las intervenciones nutricionales.

¿Cuál es la prevalencia de las afecciones de salud mental? ¿Qué etapas de la vida y qué zonas geográficas son las más afectadas?

Las afecciones de salud mental graves incluyen los trastornos del estado de ánimo, el trastorno depresivo mayor (TDM), el trastorno bipolar, los trastornos de ansiedad, los trastornos psicóticos, que incluyen esquizofrenia, y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). En los Estados Unidos (EE. UU.), el TDM tiene una tasa de prevalencia a lo largo de la vida del 16,6 %; los trastornos bipolares, del 2,5 %; los trastornos de ansiedad, del 31,6 %; los trastornos psicóticos, del 1 %; y el TDAH, del 10,2 %.1,2 Existen grandes variaciones entre los países en cuanto a las tasas de prevalencia de los trastornos de salud mental, en particular para el TDM, los trastornos bipolares y el TDAH, y se observan tasas más altas en los países desarrollados, incluidos los EE. UU. Es importante destacar que la aparición inicial de los trastornos de salud mental ocurre con frecuencia durante la adolescencia. El TDAH se diagnostica habitualmente en los niños antes de los 7 años de edad. Asimismo, hay evidencia de que la edad de inicio del trastorno bipolar está disminuyendo, y que la prevalencia del TDAH está en aumento.2 Entre los jóvenes que viven en los EE. UU., el TDM tiene una tasa de prevalencia a lo largo de la vida del 10 %; los trastornos bipolares; del 3 %; los trastornos de ansiedad, del 32 %; y el TDAH, del 10,2 %.1,2 Por lo tanto, el período de la infancia y la adolescencia se asocia con altas tasas de trastornos de salud mental, que pueden reflejar una mayor vulnerabilidad durante este período crítico de maduración. Cabe destacar que los trastornos de salud mental en los jóvenes aumenten el riesgo de suicidio, que constituye la tercera causa de muerte de adolescentes en los EE. UU. Por lo tanto, los trastornos de salud mental en los jóvenes representan un problema crítico y urgente de salud pública.

¿Cuáles son los tratamientos actuales para los problemas de salud mental en los jóvenes? ¿Hay alguna clase de intervención que pueda ayudar a prevenirlos?

Con frecuencia, los trastornos de salud mental se tratan inicialmente con terapia cognitiva conductual o con medicamentos farmacológicos, que incluyen antidepresivos, estabilizadores del ánimo y antipsicóticos de segunda generación (ASG). Sin embargo, los síntomas de salud mental suelen volver a aparecer después de interrumpir la medicación, y los pacientes habitualmente requieren tratamiento a largo plazo. El tratamiento a largo plazo con algunos medicamentos puede causar efectos secundarios cardiometabólicos adversos, así como otros efectos adversos significativos, que provocan la interrupción y la recaída. Por ejemplo, los medicamentos ASG generalmente están asociados con un aumento significativo del peso en los jóvenes. Además, el tratamiento farmacológico de primera línea para la depresión y los trastornos de ansiedad en los jóvenes son medicamentos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), aunque solo el 30 a 40 por ciento de los pacientes adolescentes responden completamente a este tratamiento. Estas y otras limitaciones asociadas con estos medicamentos resaltan la necesidad urgente de desarrollar intervenciones más seguras y mejor toleradas para los jóvenes con trastornos de salud mental.

El concepto de “prevención” es relativamente nuevo en el campo de la salud mental. A pesar del creciente interés en los métodos de detección temprana, actualmente no hay tratamientos establecidos. Tales intervenciones “prodrómicas” primero requerirán una comprensión más clara de los factores de riesgo modificables asociados con los trastornos de salud mental, y deben ser seguras y bien toleradas en el tratamiento a largo plazo. La evidencia que va surgiendo indica que las modificaciones dietarias pueden representar un método viable para reducir los factores de riesgo asociados, aunque son necesarias más investigaciones para evaluar y refinar este enfoque.

¿Cómo pueden las personas cuidar su salud mental y qué papel desempeña una buena nutrición en mantener una mente sana?

Se cree que los trastornos de salud mental son causados por factores genéticos y ambientales. Por lo tanto, algunos factores de riesgo pueden evitarse (p. ej., el consumo de drogas) y otros no (p. ej., antecedentes familiares de trastornos psiquiátricos). La evidencia que va surgiendo sugiere que la dieta puede tener un impacto significativo en el riesgo de presentar trastornos de salud mental. Por ejemplo, se ha descubierto que una dieta mediterránea3 o una dieta que contenga pescado4 protegen contra la aparición del TDM. Esto también está respaldado por evidencia de que diferentes trastornos de salud mental, como el TDM,5 el trastorno bipolar I,6 la esquizofrenia7 y el TDAH,8 están todos asociados con niveles bajos en sangre de ácidos grasos omega 3 de cadena larga, que son naturalmente altos en el pescado. Por el contrario, la dieta occidental típica, que es alta en grasas saturadas, ácidos grasos omega 6, azúcar procesada, etc., puede aumentar la vulnerabilidad. Asimismo, va surgiendo evidencia de una asociación entre los trastornos de salud mental y las deficiencias de vitaminas D y B, zinc, hierro, magnesio y manganeso. Los estudios de alimentación animal han permitido comprender con mayor claridad cómo las deficiencias de nutrientes pueden afectar negativamente el desarrollo del cerebro, y los estudios de neuroimagen están comenzando a identificar el papel de nutrientes específicos en la estructura y la función del cerebro humano. Por consiguiente, la evidencia existente sugiere que es necesario llevar una dieta que incluya minerales esenciales, vitaminas y ácidos grasos específicos, como los omega 3, para promover un desarrollo óptimo del cerebro.

¿Qué afecciones de salud mental específicas han demostrado una mejora a través de soluciones nutricionales? ¿Qué nutrientes han demostrado ejercer la mayor influencia?

Una vez que se presenta un trastorno de salud mental, los cambios cerebrales patológicos subyacentes se vuelven más difíciles de corregir. Esto sugiere que las intervenciones nutricionales iniciadas antes de la aparición de los síntomas pueden proporcionar el mayor beneficio terapéutico. Sin embargo, los metaanálisis de diversos ensayos controlados con placebo sugieren que las personas con trastornos de salud mental establecidos, como el TDAH, el TDM, los trastornos de ansiedad y la psicosis en fases tempranas, también se benefician al optimizar la calidad nutricional de la alimentación diaria; por ejemplo, aumentando la ingesta de omega 3 con suplementos.9,10,11

¿Cómo ayudan los ácidos grasos omega 3, específicamente el EPA y el DHA, en los trastornos de salud mental frecuentes, como la depresión y la ansiedad?

Si bien actualmente se desconoce cómo los omega 3 reducen los síntomas de la depresión y la ansiedad, varios mecanismos plausibles han recibido apoyo experimental. Estos incluyen reducir la inflamación cerebral, reducir las respuestas hormonales al estrés, aumentar los factores de crecimiento nervioso y la conectividad sináptica, y estimular la circulación en el cerebro.9 También existe evidencia de que los omega 3 reducen los procesos neurodegenerativos y aumentan la resistencia a las neurotoxinas. Cabe destacar que los estudios en animales han demostrado que la deficiencia de ácidos grasos omega 3 durante el desarrollo produce alteraciones de larga duración en diferentes sistemas de neurotransmisores, como la serotonina y la dopamina, que se cree que desempeñan un papel central en la depresión y la ansiedad. Estos y otros hallazgos indican que los ácidos grasos omega 3 de cadena larga pueden desempeñar un papel en la reducción de los factores de riesgo asociados con la depresión y la ansiedad mediante diversos mecanismos diferentes y complementarios.

¿Con qué frecuencia se usan, o se recomienda usar, modificaciones dietarias o suplementos para mantener la salud mental?

Lamentablemente, la dieta y la nutrición siguen siendo aspectos que, mayormente, no se tienen en cuenta en la práctica de salud mental. Esto no es exclusivo de la salud mental; existen muchos otros campos de la medicina, incluidos los asociados más estrechamente a enfermedades relacionadas con la dieta, como las enfermedades cardiovasculares, en los que rara vez se consulta a los pacientes sobre su dieta y nutrición.12 Esto se atribuye, en parte, a la muy limitada educación nutricional que se brinda a los médicos, así como a la falta de tiempo y de reembolso de gastos para asesoramiento nutricional. No obstante, en las últimas tres décadas se ha acumulado suficiente evidencia que respalda un papel más central de la nutrición en el manejo de los trastornos de salud mental.13 Aunque actualmente no hay ninguna intervención nutricional aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, del inglés Food and Drug Administration) de EE. UU. para el tratamiento de algún trastorno de salud mental, la Asociación Americana de Psiquiatría (American Psychiatric Association) ha emitido una declaración de consenso para el tratamiento de pacientes con TDM con 1 g/día de EPA + DHA.14 Este hito, junto con la disponibilidad de formulaciones de ácidos grasos omega 3 aprobadas por la FDA para otras afecciones, puede proporcionar una base temprana para respaldar, diagnosticar y tratar las deficiencias de nutrientes en pacientes con trastornos de salud mental.

La ciencia que respalda el papel de los suplementos en el mantenimiento de la salud cognitiva está bien documentada; ¿existe un vínculo entre la salud del cerebro y la salud mental?

En la actualidad, existe abundante evidencia por neuroimágenes de que el estado de ánimo, la ansiedad y los trastornos psicóticos están asociados con anomalías en la estructura y la función del cerebro. Entre estas anomalías se incluyen reducciones de la materia gris, particularmente en regiones que median procesos emocionales y cognitivos, así como reducciones generalizadas de la integridad de la mielina. Estas anomalías van acompañadas de alteraciones de la conectividad entre las regiones cerebrales, que provocan patrones de activación desregulados. Por ejemplo, los trastornos del estado de ánimo y la ansiedad se asocian con una mayor activación de la amígdala en respuesta a imágenes emocionales, y los trastornos psicóticos y del estado de ánimo, así como el TDAH, se asocian con reducciones de la activación de la corteza prefrontal. Es pertinente, por lo tanto, que la aparición inicial de estos trastornos de salud mental ocurra con frecuencia durante la adolescencia y los primeros años de la edad adulta, que son períodos asociados con cambios progresivos de maduración cerebral en las conexiones entre la corteza prefrontal y la amígdala. Aunque actualmente no está claro si los trastornos de salud mental se deben a anomalías de la maduración cerebral o a la neurodegeneración, se ha demostrado que los nutrientes, incluidos los omega 3, estimulan la maduración cerebral y reducen la neurodegeneración, y parecen ser un componente clave para el mantenimiento de la salud mental.

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referencias

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[3]           C. Lassale et al., ‘Healthy dietary indices and risk of depressive outcomes: a systematic review and meta-analysis of observational studies.’ Mol Psychiatry. 2018 [Epub ahead of print].

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[9]           G. Grosso et al., ‘Role of omega-3 fatty acids in the treatment of depressive disorders: a comprehensive meta-analysis of randomized clinical trials.’ PLoS One. 2014;9(5):e96905.

[10]        K-P. Su et al., Association of use of omega-3 polyunsaturated fatty acids with changes in severity of anxiety symptoms: A systematic review and meta-analysis. JAMA Network Open. 2018;1(5):e182327.

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[12]        R.K. McNamara and D.M. Almeida, Omega-3 polyunsaturated fatty acid deficiency and progressive neuropathology in psychiatric disorders: A review of translational evidence and candidate mechanisms. Harv Rev Psychiatry. 2018; [Epub ahead of print].

[13]        S. Kahan S, and J.E. Manson, ‘Nutrition counseling in clinical practice: How clinicians can do better.’ JAMA. 2017;318:1101-1102.

[14]        J. Sarris et al., ‘Nutritional medicine as mainstream in psychiatry.’ Lancet Psychiatry. 2015;2:271-274.

[15]        M.P. Freeman et al., ‘Omega-3 fatty acids: evidence basis for treatment and future research in psychiatry.’ J Clin Psychiatry. 2006;67:1954-1967.

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