Pérdida y desperdicio de alimentos: cómo abordar uno de los mayores problemas de sostenibilidad de la humanidad

Está en la agenda de numerosas organizaciones intergubernamentales, Gobiernos, ONG y empresas líderes en alimentación y nutrición. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), su huella de carbono equivaldría a la de una nación, solo superada por Estados Unidos y China, ya que representa el 8 % de las emisiones globales. Es un tema más cercano al público en general que muchos otros aspectos relacionados con la sostenibilidad de los alimentos, puesto que es algo que todos nos llevamos a nuestros hogares y tiene un papel tangible en nuestra vida cotidiana. Se trata de un problema al que todos contribuimos y que todos podemos ayudar a cambiar reduciendo la enorme cantidad de alimentos que desperdiciamos y el impacto ambiental que ello implica. Ante el debate sobre el coste ambiental de la producción de proteína animal, es de vital importancia considerar también formas de reducir la pérdida y el desperdicio de esta valiosa fuente de proteínas.

David Nickell, vicepresidente de Sustainability en DSM Nutritional Products, Animal Nutrition & Health, explica el enfoque de DSM para reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos en el sector de la proteína animal.

Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos es una parte esencial de la producción animal sostenible

Una mayor concienciación del elevado coste ambiental de nuestros alimentos y el dilema de cómo alimentar a una población mundial que se calcula alcanzará los 9700 millones de personas en 2050, al tiempo que nos vemos obligados a reducir drásticamente nuestra huella alimentaria, han llevado a muchas personas en todo el mundo a reducir su consumo de proteínas animales y modificar sus hábitos alimentarios hacia una dieta flexitariana. Sin embargo, muchas poblaciones no están reduciendo la ingesta de proteínas animales, sino todo lo contrario. Ya sea por un exceso de consumo o por una mayor prosperidad y el deseo de una alimentación más sana y equilibrada, la demanda de proteínas continuará aumentando. En este sentido, se espera que la producción de proteínas animales en forma de carne, leche, pescado y huevos se incremente en un 70 % hasta el 2050. Actualmente, se están dedicando mayor atención y recursos para que la producción animal sea más eficiente y sostenible, especialmente en lo que respecta al uso de la tierra y el agua, los ciclos de nutrientes, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y el impacto en la biodiversidad. Con todo, estos esfuerzos no deberían centrarse únicamente en la producción. Pese a que no existe ninguna medida única que conduzca a sistemas alimentarios sostenibles, muchos coinciden en que atajar la pérdida y el desperdicio de alimentos a lo largo de la cadena de valor es una intervención crucial. La responsabilidad también recae sobre los consumidores: todos somos parte del problema. Se estima que, a escala mundial, un 30 % de todas las calorías producidas se pierde en la producción, mientras que otro 30 % es descartado por los consumidores.

Estimaciones de pérdidas y desperdicio

Comprender y cuantificar la magnitud del problema de la pérdida y el desperdicio de alimentos no es una tarea sencilla. A la general falta de datos en muchos sistemas alimentarios se suma el hecho de que la información es incompleta y no existe una metodología común para la medición. Según la estimación publicada por el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés), cada año se pierden y desperdician alrededor de 1300 millones de toneladas de alimentos, lo que equivale a 1500 billones de calorías (o aproximadamente una cuarta parte de las calorías del mundo), provenientes de varios grupos de alimentos. Teniendo en cuenta las diferencias mundiales y que entre 2010 y 2050 se necesitará un 56 % más de calorías alimentarias para alimentar a 9700 millones de personas, esta estimación de calorías perdidas o desperdiciadas ilustra las ineficiencias de nuestros sistemas alimentarios actuales. El grado de pérdida o desperdicio varía dependiendo de la región y de la etapa de la cadena de valor. Por ejemplo, de acuerdo con el WRI, el 17 % de todas las calorías producidas en América del Norte y Oceanía se pierden en la producción, mientras que el 61 % se desperdicia a nivel del consumidor. En términos generales, se estima que el 42 % de todos los alimentos disponibles se pierde o se desperdicia. Esto contrasta claramente con Asia Meridional y Sudoriental, donde el 32 % y el 13 % se pierden y desperdician en las etapas de producción y consumo respectivamente, mientras que, en general, el 17 % del total de alimentos disponible se pierde o se desperdicia. A pesar de ello, estas cifras siguen siendo elevadas y es necesario intervenir a lo largo de la cadena alimentaria, desde la producción hasta el consumo, para ayudar a frenar la pérdida y el desperdicio de alimentos.

Nota: Las cifras se han redondeado, por lo que puede que la suma total no sea 100 Fuente: Análisis del WRI basado en la FAO 2011

Una yema dorada solamente puede provenir de una gallina sana.  

Para que la yema presente un atractivo color dorado, los carotenoides:

  • deben ser ingeridos en cantidad suficiente
  • deben ser absorbidos (por un intestino sano)
  • no deben ser utilizados como antioxidantes (bajo desafío inmunológico)
  • no deben ser utilizados como precursores vitamínicos (buen estatus vitamínico).

Por lo tanto, la gallina, el ambiente y el alimento balanceado deben funcionar en conjunto para producir una yema con un color atractivo. En la naturaleza, los machos con el color más bonito atraen a las hembras, lo cual tiene sentido porque solamente los animales más sanos son los que tienen los plumajes más atractivos. Lo mismo sucede con las hembras: las gallinas más saludables tienen más carotenoides para sus huevos. Así, para obtener una yema dorada es necesario contar con alimento balanceado de buena calidad, buenas prácticas de manejo y, sobre todo, una gallina con buena salud.

A escala global, la cuestión no es que es que no dispongamos de suficientes calorías para alimentar a la creciente población mundial, sino más bien que las calorías que se producen no están distribuidas de forma equitativa ni todo el mundo tiene acceso a ellas, como demuestran los 2000 millones de personas que las consumen en exceso, mientras 800 millones siguen estando desnutridas. Pero la realidad es aún más complicada, ya que no se trata solo de las calorías. Las proteínas, las grasas y los micronutrientes (vitaminas, minerales y aminoácidos) son componentes esenciales de una alimentación sana y equilibrada. Una vez más, en teoría tenemos suficientes proteínas y grasas en el mundo como para superar la ingesta diaria recomendada (aunque la calidad varía), pero, al igual que las calorías, estos nutrientes se distribuyen de forma desigual en todo el mundo o se pierden en la etapa de producción, durante el manejo, el procesamiento y la distribución, son descartados por minoristas y consumidores o se utilizan en otros procesos industriales. En el caso de los micronutrientes se observa un escenario similar. Esta pérdida de micronutrientes es especialmente importante en relación con el hambre oculta, que afecta a alrededor de 2000 millones de personas en todo el mundo. La carne y los productos lácteos son una fuente esencial de ciertos micronutrientes como la vitamina A, las vitaminas B, el calcio, el zinc, el hierro, el folato y la lisina, por lo que garantizar su disponibilidad es indispensable para que todo el mundo pueda acceder a una alimentación sana y equilibrada.

Los esfuerzos encaminados a combatir esta pérdida de nutrientes, reducir el impacto ambiental de la pérdida y el desperdicio de alimentos y hacer que nuestros sistemas alimentarios sean más sostenibles se están traduciendo en medidas a través de diversas iniciativas desarrolladas a lo largo de las distintas cadenas alimentarias e impulsadas principalmente por la industria, más que por los Gobiernos. Estas iniciativas tienen por objeto mejorar y acortar las cadenas de suministro, mejorar las condiciones y la capacidad de almacenamiento, y fomentar el envasado de los alimentos, incluido el etiquetado de fechas y las campañas de sensibilización de los consumidores que sean necesarias.

Es sabido que las proteínas animales son una parte fundamental de una alimentación sana y equilibrada y que también son esenciales para suministrar micronutrientes claves. Sin embargo, a la vista de los límites de eficiencia de la producción animal, es muy importante que nos aseguremos de no perder o desperdiciar un recurso tan valioso. Los datos disponibles muestran que las proteínas animales representan el 12 % de la pérdida total de calorías a escala mundial, mientras que el 88 % corresponde a las frutas y hortalizas, los cereales, las legumbres y los tubérculos. Dentro de estas cifras, los porcentajes de pérdida y desperdicio de proteína animal varían dependiendo del tipo de alimento en cuestión, si bien la FAO calcula que la carne y la leche representan el 20 %, mientras que en el caso del pescado se estima en el 35%. Una forma de reducir estas pérdidas es mediante intervenciones nutricionales específicas durante el período de producción animal.

La intervención nutricional reduce la pérdida y el desperdicio de alimentos

La leche es una fuente muy asequible y accesible de proteínas, grasas y micronutrientes; de hecho, más de 6000 millones de personas, o el 80 % de la población mundial, consume productos lácteos de una forma u otra. Sin embargo, la leche se pierde a lo largo de la cadena de valor debido a problemas en la producción (por un lado) y su deterioro y desperdicio durante el procesamiento, el transporte y el consumo (por el otro). En la etapa inicial de producción de la cadena de valor, las cuestiones relacionadas con la salud de las vacas pueden ser la principal causa de la pérdida de leche. Estas incluyen el deterioro de la leche en la granja, un recuento de células somáticas excesivamente alto o la incidencia de mastitis clínica. La frecuencia de la mastitis clínica en vacas lecheras de alta producción puede variar entre el 4 % y el 25 %, y a menudo requiere la intervención del veterinario con un tratamiento antibiótico. Después del tratamiento, es necesario un periodo de retiro de cinco días para garantizar que no queden restos de antibiótico en la leche. Durante este periodo, la vaca continúa produciendo leche que deberá desecharse, ya que su entrada en la cadena alimentaria no está permitida. Las pérdidas derivadas pueden ser considerables. Si tomamos como ejemplo un rebaño de 1 millón de vacas que producen 30 litros por cabeza y día y tienen una frecuencia de mastitis clínica del 25 %, esto significa que cada año deben desecharse aproximadamente 37,5 millones de litros de leche. Esto implica tremendas pérdidas que podrían reducirse a la mitad mediante la intervención nutricional con un programa optimizado de nutrición vitamínica, prestando especial atención a las concentraciones plasmáticas de vitamina E en la etapa posterior al parto, que es cuando disminuyen los niveles de vitaminas de la vaca. La vitamina E es un antioxidante natural que contribuye de manera decisiva a mejorar la respuesta inmune de la vaca y ayuda a prolongar la vida de las células inmunitarias que combaten las bacterias causantes de la mastitis. Esto no solo es una buena manera de reducir la pérdida de alimentos, sino que también ayuda a limitar la cantidad de antibióticos que se emplean en la producción de lácteos.

Mejorar la calidad integral de las proteínas animales

Alimentar a los animales con un programa óptimo de nutrición vitamínica durante todo su ciclo vital también mejora la calidad y el tiempo de conservación de la carne, y contribuye a reducir las pérdidas y el desperdicio. En este sentido, la vitamina E vuelve a tener un papel fundamental. Es un antioxidante natural que se deposita en las membranas de las células musculares, aumentando la resistencia y la vida de estas antes del proceso natural de descomposición. El efecto es evidente en lo que respecta a la reducción de la pérdida de exudado (humedad en el envase), la disminución de sabores desagradables y una menor pérdida de color. Alimentar a los cerdos y las aves de corral con una nutrición vitamínica adecuada a lo largo de su vida se traduce en una mejora de la calidad de la carne y un mayor tiempo de conservación de 3 a 6 días en fresco, o de 2 a 3 meses en el caso de los productos congelados. Además, la aparición de sabores anómalos se retrasa 8-9 días después del almacenamiento. Esta mejora de la calidad de la carne también se manifiesta en la carne de vacuno, especialmente en cuanto al color, ya que la carne conserva su aspecto fresco durante un tiempo prolongado, lo que la hace más apetecible para el consumidor. Este es un factor importante teniendo en cuenta que parte del desperdicio de la misma se debe al excesivo énfasis sobre su apariencia. La prolongación de la vida útil de la carne mediante la intervención nutricional durante el crecimiento del animal es un paso muy práctico e importante para reducir la pérdida de alimentos y, en particular, su desperdicio en la etapa de consumo al final de la cadena de valor.

Otro ejemplo de cómo reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos tiene que ver con la vitamina D y los huevos. Los huevos son una valiosa fuente de proteínas, y su impacto ambiental por unidad de proteína es generalmente muy bajo en comparación con otras formas de producción animal. Asimismo, los huevos son una excelente forma de nutrición, dado que son asequibles y de fácil acceso para muchas personas en todo el mundo. Prueba de ello es la enorme demanda de huevos y el crecimiento actual de este sector específico de la producción animal. Las gallinas ponen un huevo al día durante un tiempo de hasta 100 semanas. Para este proceso es indispensable la disponibilidad de minerales para la formación de la cáscara, lo cual depende en gran medida del desarrollo esquelético del ave y de sus reservas minerales. La rotura de la cáscara del huevo y su consiguiente pérdida es un problema para la cadena de valor del huevo, y los porcentajes de pérdida pueden variar en función de la región y la complejidad de la cadena de suministro. La vitamina D, y especialmente la forma biológicamente activa de Rovimix® HyD® suministrada a las gallinas a lo largo de su vida, mejora el desarrollo del esqueleto y el equilibrio mineral, lo que produce cáscaras de huevo más fuertes y resistentes y, en consecuencia, menos roturas y menos pérdidas. La alimentación con HyD® como parte de un programa de nutrición optimizado aumenta el grosor de la cáscara de huevo en un 4 % y reduce las roturas en un 15 %.

Esta intervención nutricional es fácil de realizar y muy práctica, ya que se traduce en mejoras significativas en la calidad de la carne, la leche, el pescado y los huevos. La mejora de la calidad de los productos no solo reduce las cantidades de pérdida y desperdicio de alimentos, sino que también mejora la densidad nutricional de los mismos y contribuye a que el sistema alimentario sea más sostenible.

Innovamos para el cambio

DSM es consciente de que la pérdida y el desperdicio de alimentos es una cuestión importante para la sostenibilidad y se ha sumado al Objetivo de Desarrollo Sostenible de la ONU 12.3, cuya meta es reducir a la mitad la pérdida y el desperdicio de alimentos hasta el 2030. Gracias a nuestros innovadores programas nutricionales en la producción animal, contribuimos a reducir de manera tangible y mensurable la pérdida y el desperdicio de alimentos a lo largo de la cadena de valor. Para que el cambio se produzca, serán necesarias más innovaciones en el desarrollo de productos y soluciones a lo largo de la cadena de valor, lo que significa colaborar juntos en coaliciones amplias y nuevas asociaciones, ya sea en el sector privado o en el público. Un ejemplo de ello es el reciente encuentro “Designing out Food Loss & Waste” organizado por DSM y Cargill, en la que participaron la Comisión Europea, el WRI, el WWF y las principales empresas alimentarias. En ella quisimos concienciar a la comunidad en general sobre el impacto de los programas nutricionales en la producción animal –las primeras etapas de la cadena alimentaria– que pueden contribuir a una reducción significativa de la pérdida y el desperdicio de alimentos. Dar a conocer estas innovaciones proporcionará a los diferentes agentes de la cadena alimentaria una gran variedad de soluciones tangibles que podrán emplear para ayudar a reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, mejorando al mismo tiempo la sostenibilidad de los sistemas alimentarios y garantizando una nutrición asequible y accesible para todos. A través de nuestros esfuerzos, abordamos los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU 2 y 12.

Soluciones nutricionales basadas en la ciencia

La misión de DSM es mejorar la calidad de vida de todas las personas. Esto comienza por nuestros clientes, sin los cuales no existiríamos como empresa. Ponemos a su disposición las soluciones de nutrición animal basadas en la ciencia más completas del mundo, escalables de manera inteligente para solucionar los desafíos comerciales y de sostenibilidad a los que nos enfrentamos a la hora de transformar el modo en que alimentamos al mundo.

El planeta necesita encontrar nuevas alternativas de proteínas animales sostenibles, y DSM está a la vanguardia de esta búsqueda.

Publicado

27 June 2019

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