Ácidos grasos omega 3 y salud cardiovascular

Nueva ciencia 08/22/2018

12min lectura

By: Dr. Kevin C. Maki, Chief Scientist and Dr. Mary R. Dicklin, Senior Scientist, Midwest Biomedical Research Center for Metabolic and Cardiovascular Health

Resumen

  • Se han realizado numerosos estudios sobre los efectos de los suplementos de omega 3 para favorecer la salud cardiovascular, pero los resultados aparentemente contradictorios han causado confusión en muchas personas.
  • Existe una necesidad continua de nueva ciencia para informar las futuras directrices de ingesta y dosificación de los omega 3. 
  • Un nuevo estudio sugiere una asociación entre la ingesta elevada de pescado y omega 3 y un menor riesgo de mortalidad.

En primera plana

Los ácidos grasos omega 3 han aparecido en las noticias en los últimos tiempos. El mes pasado, los investigadores informaron que las personas que eran más consumidoras de omega 3 tenían un riesgo del 15 % al 18 % menor de muerte por enfermedades cardiovasculares, como ataque cardíaco y accidente cerebrovascular, en comparación con aquellas que consumían cantidades más bajas de omega 3. Estar en el 20 % más alto de la ingesta de pescado, en comparación con el 20 % más bajo, también se asoció con un riesgo 10 % menor de muerte por causas cardiovasculares.1 Los hallazgos se basaron en el Estudio de dieta y salud de la Asociación Estadounidense de Jubilados de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH-AARP, del inglés National Institutes of Health-American Association of Retired Persons), que incluyó a más de 420.000 hombres y mujeres, con un seguimiento promedio de 16 años.

Estos resultados se informaron poco después de que los autores de una revisión bien publicitada de ensayos clínicos habían llegado a la conclusión de que había poca evidencia sobre los beneficios cardiovasculares de los suplementos de omega 3.2 Los titulares en contienda crearon cierta confusión sobre lo que realmente muestra la evidencia científica con respecto a los ácidos grasos omega 3 de la dieta y a la salud cardiovascular. Esta publicación de blog tiene como fin explicar por qué los expertos han sacado conclusiones diferentes, y ofrecer una perspectiva sobre los puntos fuertes y débiles de la evidencia disponible.

Recomendaciones alimentarias

Las recomendaciones alimentarias a menudo enfatizan el consumo regular de pescado y marisco, debido a que las ingestas más altas se han asociado con menores riesgos de diversos resultados adversos, particularmente enfermedades cardiovasculares. Por ejemplo, un informe reciente de la Asociación Estadounidense del Corazón (American Heart Association) recomendaba la inclusión de 1 a 2 comidas de mariscos por semana en la dieta. Sin embargo, la ingesta promedio en la dieta de niveles de ácidos grasos omega 3 está muy por debajo de los niveles recomendados en todo el mundo, incluso en los países desarrollados.

Las dietas ricas en ácidos grasos omega 3 de cadena larga se han asociado más estrechamente con un menor riesgo de muerte cardíaca, en comparación con otros tipos de eventos cardiovasculares, como ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares no mortales. Una ingesta mayor de ácidos grasos omega 3 en la dieta y niveles más altos en sangre se han vinculado continuamente con un riesgo menor de muerte cardíaca (es decir, muerte por ataque cardíaco, ritmo cardíaco anormal o insuficiencia cardíaca), pero no de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares no mortales. El proceso que desencadena la muerte durante un ataque cardíaco o en la insuficiencia cardíaca suele ser un ritmo cardíaco anormal, que produce contracciones no coordinadas que no bombean la sangre eficazmente.

Limitaciones de la evidencia disponible

Gran parte de la evidencia de los beneficios de una mayor ingesta de ácidos grasos omega 3 proviene de estudios observacionales. En este tipo de estudio, se miden las ingestas de la dieta o los niveles en sangre, después de lo cual se realiza un seguimiento de los participantes a lo largo del tiempo para ver si existen relaciones entre las mediciones y la aparición de eventos cardiovasculares. Este tipo de estudio puede ser muy útil, pero siempre está limitado por la posibilidad de que los consumidores de altas y bajas cantidades de ácidos grasos omega 3 puedan ser diferentes en otras formas. Por ejemplo, los consumidores de altas cantidades de pescado pueden ser más conscientes de la salud y, por lo tanto, tener otras características que podrían influir en el riesgo cardiovascular, como hacer más ejercicio, seguir una dieta generalmente más saludable o fumar menos.

Los estudios de intervención, conocidos como ensayos controlados aleatorizados (ECA), generalmente se consideran más confiables para evaluar la influencia de una intervención o tratamiento dietarios sobre el riesgo de enfermedad. Con este tipo de estudio, los participantes son asignados al azar para recibir una u otra intervención, por ejemplo, un suplemento de omega 3 o un placebo inactivo. Se han realizado numerosos estudios de este tipo para evaluar los efectos de los suplementos de omega 3 (ácido eicosapentaenoico [EPA] y ácido docosahexaenoico [DHA]) sobre el riesgo de enfermedad cardiovascular, así como otras enfermedades y factores de riesgo. Como se señaló anteriormente, una revisión reciente de estos ensayos no produjo pruebas claras con respecto a los beneficios. Sin embargo, muchos de esos estudios tenían una serie de limitaciones serias, que aumentaban la confusión. Las dos limitaciones principales de los estudios de intervención realizados hasta la fecha han sido el uso de dosis bajas de EPA + DHA y un enfoque en resultados compuestos que incluyen varios tipos de eventos cardiovasculares. De hecho, la muerte cardíaca es el resultado para el cual tanto los estudios observacionales como los ECA sugieren la mayor probabilidad de beneficio.

Más exploraciones sobre los omega 3

El año pasado, un estudio publicado por nuestro grupo en el Journal of Clinical Lipidology exploró los datos de ECA disponibles sobre los suplementos de omega 3 y el riesgo de muerte cardíaca3. Se identificaron 14 ensayos clínicos con más de 71.000 sujetos para la evaluación primaria y el metaanálisis, a fin de comparar las frecuencias acumuladas de eventos de muerte cardíaca entre los sujetos que tomaban ácidos grasos omega 3 y los grupos de control. Se observó un 8 % menos de riesgo de muerte cardíaca en las personas que toman omega 3. En particular, cuando el análisis se limitó a estudios en los que la dosis utilizada fue de >1 g/d de EPA + DHA, los resultados sugirieron una mayor reducción en la muerte cardíaca del 29 %.

Este año publicamos un comentario que enfatiza la importancia de ensayos adicionales con dosis más altas de EPA + DHA (más de 2 g/día).4 Los resultados de los estudios de biomarcadores, en los cuales se midieron los niveles de EPA + DHA en la sangre, sugieren una relación entre los niveles más altos de omega 3 en sangre y un riesgo menor de muerte cardíaca. Cada aumento de 1 unidad (desviación estándar) en el nivel del biomarcador de omega 3 en sangre se asoció con una reducción aproximada del 12 % al 15 % en la muerte cardíaca. La mayoría de los ensayos clínicos finalizados hasta la fecha utilizaron una dosis que se esperaría que aumentara el nivel sanguíneo en solo media unidad. Según lo esperado, esto produciría un efecto muy moderado en la muerte cardíaca de aproximadamente un 6 % a un 8 %, que concuerda con lo observado en las revisiones de la evidencia de los ECA. Esto sugiere la necesidad de realizar más estudios con dosis más altas. Estos hallazgos también enfatizan la importancia de medir los niveles de ácidos grasos omega 3 en sangre para confirmar el cumplimiento y asegurarse de que el grupo de intervención muestre un aumento suficientemente grande en comparación con el grupo de control para esperar un beneficio. Los estudios futuros deben apuntar a un aumento en el grupo activo en comparación con el grupo control.

También es importante tener en cuenta que existen diferencias entre los tres ácidos grasos omega 3 principales: EPA, DHA y ácido alfa-linolénico (ALA, del inglés alpha-linolenic acid). El EPA y el DHA, conocidos como omega 3 de cadena larga, son ampliamente reconocidos por tener la mayor importancia funcional en todo el organismo. Las funciones beneficiosas del EPA y el DHA se ilustran mediante un anuncio reciente de la Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos (European Food Safety Authority) sobre la existencia de una “relación positiva entre el EPA y el DHA en la función cardíaca”. El ALA es un componente básico del EPA y el DHA pero, en los seres humanos, esta conversión ocurre en cantidades muy limitadas. Por lo tanto, los EPA y DHA preformados, que se encuentran en el pescado y otros mariscos, junto con los suplementos alimenticios de omega 3, son los preferidos para garantizar que se consuman regularmente cantidades adecuadas de EPA y DHA.

Los omega 3 EPA y DHA son los nutrientes más estudiados, con más de 34.000 artículos publicados y 3300 ensayos clínicos realizados en seres humanos hasta la fecha. Para obtener más información sobre los posibles efectos beneficiosos del EPA y el DHA sobre la salud, descargue los informes técnicos de DSM sobre los omega 3 y la salud cardíaca.

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referencias

1. Y. Zhang et al., ‘Association of fish and long-chain omega-3 fatty acids intakes with total and cause-specific mortality: prospective analysis of 421,309 individuals’, J Intern Med., 2018.

2. A.S. Abdelhamid et al., ‘Omega‐3 fatty acids for the primary and secondary prevention of cardiovascular disease’, Cochrane Database of Systematic Reviews, 2018, issue 7.

3. K. Maki et al., ‘Use of supplemental long-chain omega-3 fatty acids and risk for cardiac death: an updated meta-analysis and review of research gaps’, J Clin Lipidol., vol. 11, 2017, p.1152-1160.

4. K. Maki and M. Dicklin, ‘Omega-3 fatty acid supplementation and cardiovascular disease risk: glass half full or time to nail the coffin shut?’ Nutrients, vol. 10, no. 7, 2018.

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