Hambre oculta: el papel de la política y la nutrición en el apoyo a un envejecimiento saludable

By:  Keri Marshall, ND, Director of Global Lipid Science and Advocacy, DSM 

Las poblaciones de edad avanzada pueden verse afectadas por el hambre oculta. 

Resumen

  • En 2014, 10,2 millones de hogares de adultos mayores en EE. UU. enfrentaron la amenaza del hambre oculta, un fenómeno caracterizado por una deficiencia de micronutrientes esenciales. 
  • Un estado adecuado de micronutrientes puede ayudar a mejorar la salud y el bienestar de las poblaciones de edad avanzada y retrasar la progresión de las enfermedades no transmisibles (ENT) y otras enfermedades relacionadas con la edad, como la osteoporosis y las enfermedades cardiovasculares (ECV). 
  • Se podrían lograr ahorros significativos en los costos de atención médica mediante la implementación de una estrategia preventiva a largo plazo para promover un envejecimiento saludable y superar los obstáculos para una nutrición adecuada de los adultos mayores. 

Estrategias e intervenciones para diagnosticar y abordar el hambre oculta en las personas mayores

El evento de la Academia de Ciencias de Nueva York, “Hidden Hunger: Solutions for America’s aging population” (Hambre oculta: soluciones para la población de EE. UU. que envejece) tuvo lugar en Washington DC y recibió a funcionarios de salud pública, profesionales de la salud y científicos de todo el mundo. El interés particular del evento fue el estado actual del hambre oculta en EE. UU. y el papel que pueden desempeñar las políticas para fomentar prácticas de atención médica de calidad y promover una nutrición adecuada en las personas mayores.

¿Qué es el hambre oculta?

La deficiencia de micronutrientes, a menudo conocida como “hambre oculta”, es un problema creciente en todo el mundo. De hecho, los informes sugieren que una de cada tres personas de la población mundial sufre de hambre oculta y sus afecciones relacionadas como resultado de una ingesta inadecuada de nutrientes, y las subsiguientes deficiencias de vitaminas, minerales y otros nutrientes esenciales, como las vitaminas A, C, D y E; vitaminas B; calcio; zinc; magnesio; potasio; y omega 3, entre otros.

Sin embargo, el problema es que la desnutrición es un factor de riesgo clave para las ENT y puede tener un impacto significativo en los costos de atención médica y en la economía mundial. Solo en EE UU., se estima que los costos asociados con la desnutrición relacionada con enfermedades son US$ 157.000 millones. Si bien este fenómeno puede afectar a personas de todas las edades, los adultos mayores tienen un riesgo particular de desnutrición debido a una ingesta insuficiente de nutrientes; y se estima que uno de cada cinco adultos estadounidenses de más de 50 años lucha contra la inseguridad alimentaria. De hecho, en 2014, 10,2 millones de hogares de adultos mayores enfrentaron la amenaza del hambre en los Estados Unidos. Se prevé que este problema continuará, y dado que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proyecta que la cantidad de personas de más de 60 años superará los dos mil millones hacia 2050, es fundamental tomar medidas ahora para gestionar y abordar esta preocupación. 

Un enfoque preventivo 

Si bien la amplia evidencia científica indica los posibles beneficios positivos para la salud de los micronutrientes para reducir el riesgo de enfermedades crónicas relacionadas con la edad, queda mucho más por hacer para disminuir la brecha entre los adultos mayores y una nutrición adecuada. El problema se agrava aún más por el hecho de que, actualmente, la evaluación del estado de micronutrientes no forma parte de la evaluación estándar de atención médica para los adultos mayores. En consecuencia, no existe una medida uniforme del nivel y el tipo de deficiencia de nutrientes que cada individuo puede presentar; esto no solo hace que medir el grado de desnutrición represente un desafío considerable, sino que también contribuye a incongruencias en la eficacia de la fortificación con micronutrientes y la suplementación. La introducción de medidas de evaluación de rutina, como las herramientas de evaluación dietéticas para caracterizar los patrones alimentarios de los adultos mayores, es una estrategia proactiva que podría implementarse fácilmente como parte de un enfoque preventivo a largo plazo con el fin de identificar a las personas en riesgo y monitorear con mayor eficacia su estado nutricional. 

La investigación también indicó que la participación en programas federales de asistencia nutricional, como Meals on Wheels America y el Programa de Asistencia de Nutrición Suplementaria (SNAP, del inglés Supplemental Nutrition Assistance Program), puede promover un envejecimiento saludable en personas mayores en riesgo, y, a la vez, ayudar a respaldar una mayor independencia y calidad de vida. Estos programas comunitarios se desarrollaron para ayudar a mitigar el impacto de la desnutrición y la inseguridad alimentaria y atenuar la utilización de la atención médica. Sin embargo, los recortes presupuestarios han hecho que estos programas se vean significativamente reducidos y, en cambio, han creado más obstáculos para que los adultos mayores vulnerables accedan a su apoyo. Para ayudar a aliviar el hambre y mejorar la nutrición en las personas mayores, es fundamental que los gobiernos y los formuladores de políticas de todo el mundo consideren formas de reafirmar dichos programas para permitir que más personas mayores envejezcan bien y se mantengan saludables. 

Hablemos de nutrición

También se está poniendo en marcha una conversación dentro de la comunidad de envejecimiento saludable y más allá, en torno al papel que puede desempeñar la nutrición en la promoción de la salud en las personas mayores. Hay cada vez más evidencia que sugiere que aumentar la ingesta de micronutrientes clave, como las vitaminas A, C, D y E; las vitaminas B; el calcio; el zinc; el magnesio; el potasio; y los omega 3, a la vez que se reduce el consumo de alimentos refinados y procesados de gran densidad energética, puede ser un enfoque eficaz para mantener la salud a medida que envejecemos y para reducir los costos socioeconómicos y la carga económica de la atención médica. Implementar estrategias que puedan facilitar una mejor educación y concientización sobre lo que constituye una dieta saludable y equilibrada a lo largo de la vida podría ser clave para mejorar y apoyar la salud y la independencia de la población de edad avanzada del mundo.

Publicado

15 May 2018

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7 min lectura

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